
Seguro que después de ver en la entrada anterior la "barca" en la que había que bajar por el río, muchos os habréis preguntado si he sido capaz de hacerlo... ¿lo dudabais? Para los que sí, aquí os presento la prueba del algodón (que conste que tengo una remando pero... vamos a mantener la reputación). El Dunajec, como ya os he dicho, son 12 km de eses, pero si estuviera en línea recta tan sólo contaría con 3 km... menos mal que son 12 porque si no, no tendría gracia eso de tener que adivinar (en polaco, por supuesto) hacia qué lado vamos a girar en la siguiente ese...
El autóctono que nos encontramos antes resultó ser uno de los guías que lleva esas barcazas, pero claro, estaba de fiesta (de ayer ¿recordáis?). Nos tocó esperar un poco porque éramos las primeras en llegar, así que aprovechamos para comer y beber una Zyviec (cerveza de allí, buenísima por cierto). Durante todo ese tiempo de espera, además de confundirnos con húngaras... (ya veis, qué pintas de húngaras podemos tener, pero bueno) pues no veíamos ninguna barca amarrada... Lo que sí había era un montón de cajones de madera alargados, apilados.
Aquí viene lo gordo, cuando veo que nos avisan para subir y allí no había barca alguna, empiezan a coger cajones de esos y atarlos entre sí con cuerdas... ¡ay! me entraron los 7 males... y eso que sé nadar pero... bueno, las super barcazas en las que teníamos que bajar el río eran 5 cajones unidos por cuerdas y listo, sí, sí, listo. Tan alucinadas debíamos estar que ni nos dimos cuenta de que, a pesar de llegar las primeras, nos quedamos sin sitio en la "barca"... lástima, pensé, otra vez será ;-)... pero no! el guía sacó a los del primer banco y ¡¡¡¡nos metió a nosotras!!!! No dábamos crédito, pero allá que subimos.
Un verdadero placer, una maravilla, un sueño ese recorrido... todo lo que se os venga a la cabeza es poco porque es un paisaje de cuento, el guía resulto ser el jefe y además el mejor, nos tocó achicar agua y tan contentas, nos "invitó" a remar (de todos los que íbamos sólo a nosotras y a un niño... ¡ay que ver!) y, la verdad, no se nos dio nada mal.
Me imagino que os gustará saber también que todos los que llevan estas barcas son hombres y todos tienen que estar solteros, así es la tradición, pero se encargaron de aclarar enseguida que el hecho de que sean solteros no significaba que no pudieran tener una mujer al lado ;-). Curioso ¿no?